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lunes, 29 de julio de 2013

El Cristo de la espada

“No penséis que he venido a traer paz a la tierra, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Así que los enemigos de un hombre serán los de su propia casa”. Mateo 10:34-36
¿No había venido el Cristo a traer un gobierno de paz a la tierra tal como los profetas anunciaron? ¿No es un mensaje de amor y bondad el eje de su predica? ¿Como Jesús realiza semejante afirmación?.

Esta declaración sorprendente de Jesucristo es usada por algunos, principalmente desde el ateísmo, para arrojar dudas y sombras sobre sus verdaderas intenciones. Sugieren que su mensaje tiene incoherencias y errores que le incapacitan a una resolución de validez y, por lo tanto, debe ser descartado o desmembrado para extraer solo lo que se considere positivo.

Y claro está que, si su mensaje contiene semejante exabrupto, no merece ser creído y por ello, tanto Jesús como su doctrina, debe viajar el basurero de las ideologías espirituales.

Como suele suceder en las apreciaciones sazonadas de malicia e ignorancia, el argumento consiste en extraer el texto del contexto para, con este aislamiento, llevarlo a adaptarse al prejuicio del sujeto de la apreciación.

Un ejemplo de extracción de un texto del contexto es la afirmación de algunos esotéricos que afirman que Jesús declaro la existencia de la reencarnación al decir en Juan 3:3 “De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”. Si observamos el contexto veremos que en los versos 6 al 8 dice: “Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene y a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu”. Está claro, por ello, que se refiere a un nacimiento espiritual, no a una reencarnación.

En el caso del pasaje inicial, se puede entender mejor si se completan los versos posteriores y, asimilándose el mensaje en el conjunto, vemos que quiso decir Jesús. Veamos el pasaje completo:
“No penséis que he venido a traer paz a la tierra, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Así que los enemigos de un hombre serán los de su propia casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí, y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halle su vida la perderá; y el que pierda su vida por causa de mi, la hallará”. Mateo 10:34-39
Como es evidente Jesús está profetizando sobre las persecuciones que van a sufrir sus seguidores, y les exhorta a ser fieles en su decisión de seguirle pese a todas las adversidades que padecerán, incluso de sus propios familiares que no creen como ellos en Jesucristo.

En una posterior ocasión, Jesucristo expone esto con más claridad al advertir:
“Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. Pero esto os será ocasión para dar testimonio. Proponeos en vuestros corazones no pensar antes como habréis de responder en vuestra defensa, porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. Seréis entregados aún por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros. Seréis odiados por todos por causa de mi nombre”. Lucas 21:12-17
Sin embargo, esta situación no solo se produjo efectivamente cuando el cristianismo empezó a extenderse y chocar contra los prejuicios religiosos de las sociedades que contactó, sino que se siguen produciendo hoy en día en muchas partes del mundo tanto en sociedades cristianas como no cristianas. Hay muchos casos de conversos al cristianismo cuya profesión de fe les cuesta el repudio de su familia, les puede acarrear la cárcel e incluso la muerte. También esto ha sucedido en los países comunistas del pasado y el presente. Ha habido casos de hijos denunciando a sus padres y padres denunciando a sus hijos. Estos hechos no son en modo alguno el deseo de Dios ni son el propósito del mensaje cristiano, son más bien el resultado del choque espiritual entre el cristianismo y las sociedades y personas hostiles a él. Es esto lo que profetizo Jesús que sucedería. Incluso hoy muchos creyentes de nuestra “cristiana sociedad occidental” siguen sufriendo, en diverso grado, hostilidad por parte de su propia familia a causa de su fe. Dichas dificultades pueden extenderse a su mundo laboral, académico y de amistad, en muchos casos.

Esto, muy probablemente, no es comprendido por la mente de aquellos que, al asumir esta tesis, acaban sin proponérselo siendo parte activa de esta profecía de Jesús.

Lo que Jesús afirma por tanto es, no un alegato a la división familiar, ni al uso de la espada, sino la predicción de las consecuencias de seguirle a él. En otro pasaje él afirma: 
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33
Por último, para completar la correcta interpretación del pasaje inicial, veremos como en el pasaje siguiente Jesús se desvincula de una apología de la violencia según puede observarse:
“Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y lo prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, echando mano de su espada, hirió a un siervo del sumo sacerdote y le quito la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán”. Mateo 26:50-52
No hay pues que extraer un texto del contexto, no solo del texto inmediato, sino tampoco del resto de la obra. Y puede verse en conclusión que la primera venida de Jesucristo a la tierra no solo resultó violenta para él, sino por extensión también violenta para todos sus seguidores verdaderos. Muchos sirvieron de comida para las fieras, fueron crucificados o quemados vivos sirviendo de alumbrado público en diversas vías romanas. De esto hablo Jesús al decir que no traía paz a la tierra sino espada. 

En conclusión, las afirmaciones sobre esta presunta vertiente violenta del mensaje de Jesucristo no son más que pueriles intentos de desprestigiar su mensaje  mediante tendenciosas e irresponsables manipulaciones de lo que en verdad dijo descontextualizando sus palabras. Más bien hay que tener la honestidad de conocer bien la completa extensión de su predicación a fin de hallar el preciso significado de su mensaje.


EL ENFRENTAMIENTO ENTRE JESÚS Y LOS PARTIDOS RELIGIOSOS JUDÍOS

Pero aquí no terminan las acusaciones sobre la pretendida vertiente violenta de Jesucristo. Se asume que sus palabras de condena y reprensión sobre los representantes de los 2 principales partidos religiosos del judaísmo; los fariseos y los saduceos, fueron manifestación de una oposición más subversiva que reformadora. Dicho enfrentamiento alimentó el odio de estos últimos contra él, lo que finalmente precipito su condena y consecuente muerte.

¿Quiénes eran estos fariseos y saduceos?

Ambos grupos formaban dos partidos religiosos. El primero se destaco por defender una observación estricta de la ley dada por Moisés mas un cuerpo voluminoso de tradiciones adquiridas desde su aparición en el siglo II A.C. Surgió como una reacción de defensa de la ortodoxia religiosa frente a la creciente influencia del helenismo durante la dominación griega. Con el tiempo llegaron a dominar la vida religiosa de la nación judía impregnándola de una visión de la piedad sumamente formalista, basada más en la obediencia de una multitud de preceptos que en la piedad del espíritu. 

Los saduceos, por otra parte, formaron la posición opuesta, conservaron el respeto por la ley de Moisés, pero repudiaron toda tradición ortodoxa en aras de una flexibilidad capaz de aceptar el pensamiento griego, más racionalista y renuente a aceptar creencias tales como la resurrección, la retribución en el más allá y la existencia de ángeles y demonios. Por último, cabe decir, que eran personas de elevada instrucción, gran riqueza y con elevados cargos públicos. La casta sacerdotal era fundamentalmente saducea.

Ambos grupos tenían una sólida influencia en el Sanedrín que era el consejo de gobierno judío y, en gran medida, director de la política espiritual de la nación.

¿Cómo surgió entonces el confrontamiento entre Jesucristo y estos partidos religiosos? 

Si tenemos la inquietud de leer el antiguo testamento veremos cuantas veces se repiten los desencuentros entre Dios y el pueblo de Israel. Y así podremos entender como, con más frecuencia que la deseada, Dios, a través de sus profetas, reprendió a Israel tanto por su infidelidad espiritual en unos casos, como por su piedad hipócrita en otros. Cuando recopilamos las abundantes denuncias hechas por los profetas enviados por Dios para reprender a Israel sus desvaríos, y como fueron tratados con persecución y muerte, no nos sorprenderá en absoluto que haya surgido un Juan el Bautista que declaró al ver a los saduceos y fariseos, los herederos espirituales de estos mismos desvaríos, venir hacia el agua con la cual podían ser bautizados:
“¡Generación de víboras! ¿Quién os enseño a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre, porque yo os digo que Dios puede levantar hijos de Abraham aún de estas piedras”. Mateo 3:7-9
Ante estas duras palabras del Juan el Bautista cabe preguntar:

¿Cuál era el problema espiritual de estos fariseos y saduceos?

No se trataba de un pueblo entregado a la idolatría y la influencia pagana como sucedió en épocas pasadas anteriores al exilio babilónico. Ahora se trataba de una espiritualidad falsificada, no muy distinta a la que padece el cristianismo actual. Una espiritualidad de fachada, pero vacía de contenido. Existía sí, gran religiosidad, pero no autentica piedad. Y, lo más importante, no solo practicaban esta falsa espiritualidad sino que conducían con ella a la nación. 

Jesús, que opinaba lo mismo que Juan el Bautista, hace un pormenorizado balance de 8 puntos sobre los extravíos espirituales de estos, y notemos como se parecen estas actitudes a las que podemos observar hoy en día en muchos escribas y fariseos del cristianismo:

1. La justificación por medio de obras y preceptos engorrosos.
“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas". 
2. La vanagloria espiritual. La búsqueda del honor, poder y prestigio religioso.
“Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchas sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; Porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; Porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
3. El obstruccionismo espiritual basado en una enseñanza falsa.
"Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando". 
4. El abuso y usufructo de los bienes de los fieles.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación".
5. El proselitismo del error.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces mas hijo del infierno que vosotros".
6. Los énfasis equivocados, basados mas en lo material que en lo espiritual.
"¡Ay de vosotros, guías ciegos! Que decís: Si alguno jura por el templo no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo es deudor. ¡Insensatos y ciegos porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada, pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre el altar es deudor. ¡Necios y ciegos! Porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?. Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él y por el que lo habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él."¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia, y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y tragáis el camello!".
7.- La apariencia de piedad, vacía de autentica espiritualidad.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpias lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo e injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio".
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de injusticia e iniquidad".
8. Su falsa presunción de estar del lado de Dios cuando realmente se oponen a él.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los tiempos de nuestros padres, no hubiésemos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!”.
Observemos ahora como aplica las mismas palabras de Juan el Bautista al sentenciar:
“¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?”. 
Y luego profetiza:
“Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación”.
Y efectivamente sucedió 40 años después cuando las tropas de general romano Tito sitiaron Jerusalén y destruyeron el templo. Sobre esto se lamenta Jesús al decir:
"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¿Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
He aquí vuestra casa (el templo de Jerusalén) os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Mateo 23:2-39
Este duro discurso se realizó en el templo de Jerusalén ante una multitud en la que habían fariseos y saduceos (los escribas eran copistas de las escrituras y entendidos en ellas que podían ser de uno u otro partido religioso). Se pronunció un día después de entrar triunfalmente en la ciudad y a solo dos días antes de ser detenido y condenado a muerte. 

El día anterior ocurrió uno de los eventos más cuestionados de su ministerio y señalados como el mayor exponente de la supuesta vertiente violenta de Jesucristo. Nos referimos a la purificación del templo.
“Vinieron pues a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas; y las sillas de los que vendían palomas; y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban como matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina”. Marcos 11:15-18
¿Cómo se puede entender esta actitud de enojo manifiesto? O dicho de otra forma; ¿El Dios de amor no puede enojarse y reprender?

Definitivamente cuando la Biblia dice que Dios creó al hombre conforme a su imagen y semejanza significa que le confirió un juego de sentimientos afines y sintonizables con su naturaleza. Esto implica que el género humano pueden sentir los mismos tipos de sentimientos que Dios, aunque  los mismos hayan sido desordenados y exacerbados por la rebelión humana contra él. Estos sentimientos abarcan todas las gradaciones entre la complacencia y el enojo como también entre el amor y el odio.

¿Es que Dios puede enojarse y odiar?

Tanto el ateísmo, el ocultismo y el satanismo coinciden en señalar su inadversión a la existencia de un Dios que pueda odiar y castigar la maldad. Prefieren la idea que debería existir más bien un Dios pasota, indiferente al mal y que es tan misericordioso y amoroso que pasa por alto la iniquidad. Que no culpa a nadie, ni tampoco castiga.

¿Un Dios así sería justo? ¿Estaríamos satisfechos de un sistema judicial que no castiga el delito y absuelve a todo delincuente sin castigarlos en proporción a la gravedad de sus actos?

Nuestra mente racional es competente para comprenden que existe un sentido de justicia y que aplicarla deviene en nuestro bien y el de la sociedad.

El Dios de la Biblia es un Dios justo y santo. Esto significa que ama el bien y odia el mal. Premia la justicia y castiga la maldad. El dijo:
“No tendré por inocente al culpable” Nahúm 1:3
Por lo tanto su justicia no desmerece su amor como veremos más adelante.  Por un tiempo puede abstenerse del castigo pero al final lo ejecutará. 

Volvamos al incidente de Jesús en el templo. ¿Por qué se enojo contra los mercaderes hasta el punto de expulsarlos del templo?

Para empezar es conveniente explicar que es el templo, que simboliza y que implicaba y simbolizaba la presencia de mercaderes dentro de sus límites.

El templo era el nexo de reconciliación entre la santidad de Dios y la pecaminosidad del pueblo de Israel y, por extensión, del resto de la humanidad. 

En ella se podía buscar el perdón de los pecados y con ello la reconciliación con Dios. Para lograr este fin Dios instruyo a Moisés una serie de ritos de carácter sacrificial que oficiados por los sacerdotes permitirían perdonar los pecados del pueblo. En ellos cada israelita debía presentar un animal sin defecto, esto último era muy importante porque representaba "sin pecado". El sacerdote lo sacrificaba en el altar como reemplazo del pecador. Ya no tenía que morir el pecador sino el animal inocente pagaba por él. Si el animal tenía algún defecto era descalificado para el sacrificio porque simbolizaba "con pecado".

Todo esto era figura del sacrifico perfecto realizado por el propio Jesucristo. Él era el verdadero cordero de Dios que quita el pecado del mundo y lo era porque fue "sin defecto", es decir, el único ser humano capaz de no haber pecado en toda su vida, algo incluso mucho más difícil y grandioso que su propio suplicio en la cruz. Este ser, por tanto, era el único solvente libre para pagar la fianza por toda la humanidad prisionera en las cárceles de la condenación ya que:
"Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" Romanos 3:23
Queda decir entonces, que todos estos ritos eran figura del papel sacrificial que haría el Mesías en el futuro hasta su llegada al mundo hace ya 2000 años. Hoy no necesitamos ningún rito sacrificial porque ya se realizó el sacrificio único y verdadero. La celebración de la cena del Señor, también llamada Santa Cena es una ceremonia ordenada por el propio Jesucristo para recordar al mundo que su obra de salvación sigue operándose y realizando frutos en la comunión de los salvados, aquellos que han creído que en él como Dios y Salvador.  

Volviendo al templo en la época de este incidente, los animales para los sacrificios podían conseguirse en las propias haciendas de los interesados o comprarse en un mercado con las condiciones idóneas. Sin embargo, con el tiempo esto se pervirtió y, para facilitar las cosas, comerciantes oportunistas se situaron, ante el beneplácito interesado de las autoridades sacerdotales, en el mismo patio interior del Templo. Con ello la especulación, el oportunismo y las deshonestidades comerciales anidaron en el interior del recinto sagrado. 
La estafa tenía 2 aspectos. El primero era el “impuesto del templo” un tributo que contribuía a los gastos de mantenimiento y conservación del templo, así como también para los salarios de los sacerdotes y escribas. Este impuesto sólo se podía pagar en moneda judía ya que las demás monedas eran consideradas impuras. Como venían muchos judíos de distintas regiones con diferentes monedas tenían que hacer uso necesario de los cambistas y estos cobraban nada más y nada menos que el 50% del monto cambiado. 

El segundo aspecto lo constituían los animales para el sacrificio. Según la Ley cada peregrino podía traer su animal y, si era sin defecto, podía perfectamente ser admitido en el sacrificio. Sin embargo, esto no era lo que sucedía en los tiempos de Jesús. Anás el sumo sacerdote contaba con un equipo de ayudantes que inspeccionaban los animales y, por regla general, rechazaba a los mismos considerándolos inmundos o imperfectos. En estas circunstancias el peregrino se veía obligado a acudir al mercado del templo, es decir, los corrales de Anás, para adquirir un animal adecuado para el sacrificio. De este modo el peregrino no solo pagaba el impuesto del templo para que inspeccionaran a su animal, sino que tenía también que pagar un exorbitante precio por el animal “perfecto” comprado en el corral de Anás.

Por estas razones aquel templo, ante el cual debe de presentarse una ritualidad marcada de estricta pureza, se vio mancillado por maniobras de pecado. 

En estas circunstancias Jesús, el verdadero templo de Dios, llegaba al templo de piedra profanado por las inmoralidades y abusos de sus servidores. 

Si entendemos que el templo simboliza a Cristo y que para ser un sacrifico aceptable a Dios en la cruz necesita ser sin defecto ¿Cómo no entender su enfado al ver su símbolo profanado por este deshonesto  mercadillo a dos días de su grandiosa obra de sacrificio por los pecados de la humanidad?. 

Es por esta razón que él tiene que "purificar" el templo, es decir, restablecerlo a su función correcta y sin ninguna presencia de pecado en sus límites.
“Entonces recordaron los discípulos que está escrito “El celo de tu casa me consumirá”. Juan 2:17
Cuando los fariseos le dijeron:
"¿Qué señal nos muestras ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: en 46 años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucito de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la escritura y la palabra que Jesús había dicho”. Juan 2:18-22
Con esto en mente sabemos la razón por la cual Jesucristo se enfada y expulsa a los mercaderes del templo. Al hacerlo está purificando al símbolo de su cuerpo, el templo, antes de ser sacrificado en la cruz y ser luego restaurado en su resurrección al tercer día. Probando así que es realmente un "cordero sin defecto", es decir, sin pecado.

Veamos ahora como queda el amor y la misericordia de Dios. Él no pasa por alto el pecado y indefectiblemente lo castigará. Su santidad y justicia no le permiten pasarlo por alto.

Si sabemos que todos hemos pecado, sea mucho o poco, y según las escrituras "La paga del pecado es la muerte" Romanos 6:23. (Se refiere a la muerte espiritual; la eterna separación de Dios, no a la muerte física, ya que de ser así todos estaríamos muertos); 

¿Cómo se satisface la justicia de Dios y que, aún así, puedan haber seres humanos salvos de la condenación?

Como Dios odia el mal y castiga el pecado con la muerte, debió establecer una salida, una forma de satisfacer su justicia y al mismo tiempo perdonar y restaurar.

En este punto podremos ahora entender el amor y misericordia de Dios ya que:
"Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" Romanos 5:8
"Porque de tal manera amo Dios al mundo que ha dado (para el sacrificio) a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna". Juan 3:16
En conclusión entendemos que Dios dio a su propio hijo. Que él pago a sus expensas y sufrió lo que habría sufrido Abraham de no haber impedido que sacrificara a su hijo Isaac, siendo esto una figura del gran acontecimiento futuro en el que el propio hijo de Dios sería sacrificado deliberadamente por los pecados de la humanidad.

Estimado lector, los golpes, las bofetadas, los escupitajos, las espinas, la burla, los insultos, los 39 latigazos de la flagelación así como los clavos que le atravesaron en la cruz, la asfixia y la sed producto de su gran pérdida de sangre fueron, y son, la satisfacción de la justicia de Dios en proporción de la gravedad y crudeza de tus propios pecados, y de los míos.  

Después de todo esto corresponde preguntar: 

¿Es una falta al amor reprender el mal?

Definitivamente No. Dios ama a la humanidad en general, y a Israel, en particular. No obstante, es consecuente con su amor denunciar y castigar el mal como un buen padre lo hace con el hijo al que ama.

Ya estaba escrito en el libro de Proverbios 1000 años antes de Cristo:
“No menosprecies hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere”. Proverbios 3: 11-12
¿Es una afrenta al amor denunciar y castigar el delito?

Toda nación tiene un sistema de administración de la justicia que, aún no siendo perfecto, es necesario y deseado para combatir el mal.

El amor no significa pusilanimidad frente al mal. Vemos como Jesucristo, la mayor manifestación del amor de Dios a la humanidad, con arrojo y valentía lo denunció y eso le costó la vida.

¿Vamos a decir ahora que Jesucristo se desdijo de su prédica de amor al prójimo porque denuncio el desvarío espiritual de Israel y por extensión del resto de la humanidad?

Él les dijo a sus victimarios en la cruz:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.  Lucas 23:34
Jesucristo no se desdijo de su prédica de amor porque murió por sus acusadores a fin de que sean salvos al creer en él. De hecho, con posterioridad a estos acontecimientos, tal como se narra en los Hechos de los Apóstoles, tanto judíos como no judíos que participaron en menor o mayor medida en los mismos luctuosos hechos, creyeron en él y así fueron hechos hijos de Dios.
Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:9-12
¿De qué lado estas?

¿Un Mesías fracasado?

“Señor, ¿restaurarás el reino de Israel en este tiempo? 
Les dijo: 
No os toca a vosotros saber los tiempos o las ocasiones que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:6-8
Los discípulos de Jesús esperaban que él cumpliera con el principal objetivo del anuncio profético mesiánico: La restauración del reino de Israel. Sin embargo, fueron testigos de un ministerio secular, casi escondido, no militar ni político que empezó, se desarrolló y terminó, pero no se produjo ninguna independencia del dominio romano ni se alcanzo la cumbre del poder que se suponía debería haberse producido. Es entonces cuando formulan esta pregunta, que parafraseada sería: 

¿Si, reconociendo que tu eres el Mesías, y vemos que Israel no ha sido restaurado aún, lo harás en el corto plazo? 

Con esta pregunta demuestran que aún no tenían claro de que fase del cumplimiento profético habían sido testigos. 

La respuesta de Jesús, en cambio, resulta una evasiva deliberada para redirigir el foco de atención de sus seguidores a otra misión. La restauración de Israel es pues, según su declaración, un tema del futuro más no del presente inmediato. 

¿Entonces era realmente el Mesías esperado o un pretendiente a serlo que fracaso?. 

Para responder a esta pregunta hay que profundizar sobre cuáles son los roles y fines que el Mesías de Israel debe realizar según lo revelado en las escrituras hebreas. 

Para hacerlo escrutaremos varios pasajes del antiguo testamento para tener una idea sobre lo que esperaban y hasta qué punto dichas expectativas de liberación política nacional eran el principal efecto del Mesías sobre la nación de Israel. También se verá que los religiosos de la época no tenían una acertada idea de las fases y alcances de la actuación mesiánica. 

Desde el punto de vista de los doctores de la ley el Mesías tendría el siguiente carácter: 

Ser descendiente del rey David. 
Restaurar el reino de Israel. 
Convertir a Israel en la primera potencia mundial. 
Establecer un reino de justicia y paz eterno, no substituido por otro. 

Esta visión del Mesías político era la más común. Pero será falaz decir que era la única. También existían gentes con una expectativa más espiritual. Un ejemplo es Simeón, este hombre ya anciano declaró, al tomar en sus brazos a un Jesús de apenas 8 días de nacido, lo siguiente: 
“Ahora, señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel." Lucas 2:29-32 
Aquí, Simeón entiende otros puntos sobre lo que debe ser el Mesías: 

Un salvador. 
Luz para revelación a todos los pueblos no judíos. 
Gloria de Israel. 

En cualquier caso la expectativa se centra en alguien muy especial, el cual es Mesías, lo que proviene del hebreo Mashiah que significa el ungido por Dios. La forma griega es Christos, de lo cual resulta que Jesucristo significa: “Jesús el ungido de Dios”. Pero, ¿Qué significa ungido? Ungido es alguien autorizado para un función concreta. Los reyes de Israel, no todos, fueron ungidos para tal función por un profeta dirigido por Dios a fin de autorizarlos para dicha función. También los sacerdotes tenían que ser ungidos (autorizados) para ejercer los oficios sacerdotales y otros personajes como los patriarcas Abraham e Isaac, e incluso el rey persa Ciro, que favoreció a Israel en el retorno y reconstrucción posteriores al exilio babilónico, fueron llamados ungidos de Dios. 

De acuerdo a esto el Mesías, esto es, el Ungido, es aquel a quien Dios le da autoridad y poder para restablecer el reino de Israel y llevarlo a la primacía. Veamos dos pasajes claves para mostrarnos esta visión: 
“Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán; Jehová, justicia nuestra”. Jeremías 23:5-6 
Con este pasaje queda claro el anuncio profético de un descendiente de David que llega ser rey de Israel y lo lleva a una grandeza con seguridad, justicia y paz. 
"El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; a los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente y aumentaste la alegría. Se alegraren delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan al repartirse el botín. Porque tú quebraste su pesado yugo, la vara de su hombro y el cetro de su opresor, como en el día de Madian. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego. Porque un niño nos es nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre “Admirable consejero”, “Dios fuerte”, “Padre eterno”, “Príncipe de paz”. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limite sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y justicia desde ahora y para siempre.” Isaías 9:1-7 
En ambos pasajes vemos a un libertador de la opresión y el dominio de otras naciones sobre Israel. Alguien que llevará a la grandeza a esta nación. Pero no es un hombre cualquiera, los títulos que el segundo pasaje contiene resultarían blasfemos para el propio David como también a cualquier descendiente suyo. Además, ¿no resulta excesivo predecir el establecimiento de un reino eterno? No obstante, estas son las grandiosas expectativas con las cuales los israelitas de los tiempos de Cristo contaban. 

Veamos ahora desde dicho ángulo los resultados del ministerio de Jesucristo. Nace en tiempos de la dominación romana de Judea. Realiza un ministerio de 3 años en el cual muestra su mensaje. Muere crucificado por orden de Poncio Pilato a petición de los religiosos judíos. Se forma una secta judía que más adelante se conocerían como cristianos. Dicha secta sería repudiada por el sector religioso judío y repudiado también por el orden romano. No hubo ningún amago de asalto al poder por parte de este Mesías. Roma siguió dominando. La agitación social siguió en aumento hasta llegar a su punto culminante en los tiempos del emperador Vespasiano. En el año 70 de nuestra era, las tropas del general Tito, hijo del emperador antes señalado, llevo sus ejércitos a Judea y, tras un largo y sangriento asedio, se devasto Jerusalén, se quemo el templo y una gran cantidad de población fue llevada al exilio. Más adelante, en el 132, se completo el trabajo con una segunda diáspora. El territorio de Judea, hogar de la nación judía, fue desarraigado y paso de la dominación a un estado mucho peor, la dispersión radical de su pueblo, situación que duraría más de 18 siglos hasta la instauración del estado de Israel en 1948. 

Visto desde esta perspectiva el cumplimiento de las expectativas mesiánicas sobre Jesucristo es un completo desastre. 

Y claro está que muchos, dados estos resultados, afirmarán que Jesucristo en modo alguno sería el Mesías esperado sino alguien totalmente ajeno a dicha categoría. 

¿Es esto cierto? 

Para llegar a cualquier errónea conclusión se necesitan dos cosas, o la combinación de ambas; datos incorrectos o datos incompletos. Y lo segundo es lo que explica este caso. 

Si nos atenemos a los 2 pasajes antes mostrados, así como otros que enfaticen el reinado del Mesías e ignoramos otros pasajes llegaremos a esta errónea conclusión. 

¿Estaba la muerte del Mesías, e incluso ciertos detalles de la crucifixión señalados en el registro profético? 
La idea de un Mesías que llega a gobernar y permanece intacto sin otro rol a protagonizar, ni problemas, es bastante ajeno al registro profético como veremos. Ya el profeta Daniel menciona enfáticamente la muerte del Mesías; “Después de las sesenta y dos semanas se quitara la vida al Mesías y nada ya le quedará.” Daniel 9:26. En este texto, que luego analizaremos, nos habla de que el Mesías sufre violencia, y esta hasta la muerte. El profeta Isaías, en el capítulo 53, describe al Siervo sufriente de Jehová que padecerá, morirá y resucitará con un propósito redentor. Redimir significa pagar la deuda de otro para restablecer su libertad o alguna posesión. En el caso que aquí se aplica el propósito redentor del Mesías es pagar por las culpas de la humanidad para satisfacer la justicia de Dios que exige el castigo del pecado con la muerte. Para ello se ofreció a si mismo siendo sin pecado, como los corderos sin defecto requeridos para los holocaustos, en lugar del resto de la humanidad que si a pecado y cuya muerte no tendría valor para redimir su propia vida espiritual. 

Leamos atentamente el pasaje mencionado y notemos como 7 siglos antes de Cristo el profeta Isaías escribe con varios giros en los tiempos verbales y en primera persona plural esta precisa descripción de los hechos y propósito de la pasión de Jesucristo: 
“He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos. Pues de tal manera estaba desfigurada su apariencia, que su aspecto no parecía el de un ser humano, así asombra él a muchas naciones. Los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado y entenderán lo que jamás habían oído. ¿Quién ha creído nuestro anuncio y sobre quien se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, como raíz de tierra seca. No hay hermosura en él, ni esplendor; le veremos más sin atractivo alguno para que lo apreciemos. 
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimiento; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Más él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados. 
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se aparto por su camino; más Jehová cargo en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; Por medio de violencia y de juicio fue quitado; y su generación ¿quien la contará? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte. Aunque nunca hizo maldad ni hubo engaño en su boca, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá descendencia, vivirá por largos días y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará sobre si las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los poderosos repartirá el botín; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.”Isaías 52:13-15 y 53:1-12 
Del anterior pasaje se desprenden las siguientes conclusiones sobre el Mesías: 

• Padecerá persecución y muerte. 
• Existe una fase de su acción sobre el mundo que tendrá un carácter espiritual, no político. Con objeto de expiar el pecado de la humanidad. 
• Resucitará. El texto habla con claridad de que muere pero luego vuelve a la vida para ser exaltado. 

Como se observa el Mesías tiene una misión espiritual importante que cumplir antes de realizar su misión política. 

Pero, en relación con los alcances, ¿era el objetivo redimir e iluminar sólo al pueblo de Israel o a toda la humanidad? Veamos otro pasaje de Isaías: 
“él dice: ‘Poco es para mí que solo seas mi siervo para levantar a las tribus de Jacob y restaurar el resto de Israel; también te he dado por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo último de la tierra'”. Isaías 
Esto también lo cito el apóstol Pablo cuando su mensaje, el evangelio, fue rechazado por los judíos de Antioquia de Pisidia; “A vosotros a la verdad, era necesario que se os hablara primero la palabra de Dios; pero puesto que la desecháis y nos os juzgáis dignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles (no judíos), porque así nos ha mandado el Señor diciendo: “Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra”. Hechos 13:46-47.

Por lo tanto concluimos que el Mesías tenía una primera etapa profética que implicaba una obra espiritual no limitada a Israel sino extensiva a toda la humanidad. 

Hablemos ahora de tiempos. 

¿Estaba definido que existiría un lapso de tiempo considerable y desconocido interpuesto entre una primera fase del cumplimiento profético y otra segunda fase para la restauración de Israel? 

Veamos ahora al profeta Daniel quien es aquel que puede darnos más pistas sobre el orden cronológico de los eventos históricos relacionados con el Mesías. Existen 3 profecías con importantes referentes históricos para hilvanar el orden y los tiempos de cumplimiento; el sueño de Nabucodonosor, la visión de la cuatro bestias y la profecía de las 70 semanas. De estas, la más espectacular es la última y por ello la referiremos a continuación: 
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y nada ya le quedará. El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario, su final llegará como una inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Por otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrifico y la ofrenda. Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” Daniel 9:24-27 
En el pasaje se mencionan 4 períodos: 

• 7 semanas de años que implican 49 años referidos a la reconstrucción del templo y la ciudad de Jerusalén posteriores al exilio babilonio. 
• 62 semanas que conforman el período hasta la muerte del Mesías. 
• Un período de tiempo indefinido entre las semanas 69 y 70. Acontece la muerte del Mesías, la destrucción de Jerusalén y el templo y los desastres subsecuentes. No se especifica la duración de este período. 
• La semana 70, la última semana del cumplimiento profético. En ella se producirán los últimos acontecimientos antes del dominio final del Mesías. 
Luego de completadas estas 70 semanas. Llega la segunda etapa del mensaje profético mesiánico. Es decir, el reinado político del Mesías sobre Israel y el mundo. 

¿Se ha cumplido esta profecía? 

En el primer período existieron 4 decretos para restaurar el templo; 1 de Ciro, 1 de Darío y 2 de Artajerjes. Sin embargo, solo el último cumple con la orden de la reconstrucción del templo y de la ciudad. Este decreto se promulgo en el año 445 a.C. El tiempo transcurrido entre el decreto y la consolidación de Jerusalén y el templo de Zorobabel, son consistentes con los 49 años mencionados. También son absolutamente históricos los acontecimientos angustiosos que soportaron por la oposición y amenaza de amonitas y árabes. Los libros de Esdras y Nehemias narran dichas dificultades. 

Para el segundo período de 62 semanas de años se puede computar sumando las 7 semanas de primer período y las 62 semanas de años del segundo dándonos 483 años de 360 días, convirtiendo a los años de nuestra cronología actual resultan 476 que restados a los 445 antes de nuestra era menos 1, ya que no existe el año cero, resulta aproximadamente el año 30 de nuestra era. 

Dicho año coincide con el término del ministerio de Jesús al cabo del cual fue muerto tal como lo profetizo Daniel. 

En el tercer período se producen acontecimientos que encajan perfectamente con las devastaciones del año 70, cuando las tropas del general Tito, hijo del emperador Vespasiano, sitiaron Jerusalén y destruyeron el templo. 

Jesucristo también profetizo sobre los acontecimientos del tercer período: 
“Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed entonces que ha llegado su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad, salgan; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque éstos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 
Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días! Porque habrá grande calamidad sobre la tierra e ira sobre este pueblo. Caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones. Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles. “Lucas 21:20-24 
Podemos concluir que salvo la semana setenta, la profecía de Daniel se ha cumplido brillantemente, y nada indica que no se cumpla el resto. Queda por tanto descartada la objeción de que los acontecimientos posteriores al ministerio de Jesús no correspondan a las expectativas mesiánicas tal y como están contempladas en las escrituras hebreas. 

Finalmente podemos responder a la pregunta inicial que Jesucristo no es un Mesías fracasado sino que si cumplió la profecía hasta su primera fase como Salvador. Queda pendiente su papel de Rey para el futuro como el mismo lo afirmo al declarar su segundo retorno con poder y gloria. Acontecimiento del 4 período, es decir, de la semana 70: 
“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. Y en la tierra habrá angustia de las naciones por la confusión ante el rugido del mar y del oleaje. Los hombres se desmayarán a causa del terror y de la expectación de las cosas que sobrevendrán al mundo habitado, porque los poderes de los cielos serán sacudidos. Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube, con poder y gran gloria.” Lucas 21:25-27 
Esto es consistente con la siguiente profecía hebrea: 
"Los hombres se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, a causa de la temible presencia de Jehová y del esplendor de su majestad, cuando se levante para hacer temblar la tierra. En aquel día los hombres arrojarán a los topos y a los murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro que habían hecho para adorarlos, a fin de meterse en las grietas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, a causa de la temible presencia de Jehová y del esplendor de su majestad, cuando Jehová se levante para hacer temblar la tierra." Isaías 2:19-21
Después de todo lo visto. 

¿Por qué entonces no fue reconocido como Mesías por los religiosos judíos de la época? 

Jesús dijo: 
"No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir." 
Pero fue precisamente este nuevo cumplimiento el que indigesto a los religiosos judíos de entonces. Para ellos, los basamentos de su relación con Dios no deberían ser alterados. Su visión era la de un judaísmo con un Mesías que no conlleve cambios en los siguientes puntos: 

•  La naturaleza de la tradición religiosa existente. 
•  La justificación por la observancia de la ley. 
•  La envergadura humana de su fe. 

En relación al primer punto Jesús no les dijo que dejaran de cumplir los preceptos de la ley de Moisés pues él mismo los observó, pero no como los fariseos y escribas. Aquellos llenaron la ley de nuevos preceptos y lo llevaron a una rigidez vacua de autentica espiritualidad sin verdadera adoración y obediencia a Dios. Es esto, y no un absurdo antisemitismo, como algunos maliciosamente han sostenido, lo que Jesús condenaba al reprenderles en repetidas ocasiones. Ya en los profetas del antiguo testamento están presentes muchas mas reprensiones a la infidelidad o hipocresía de Israel en diferentes puntos de su historia, y no por ello podríamos decir que dichos profetas y Dios, que les ordeno decir lo que dijeron, son antisemitas. 

En varias ocasiones Jesús respondió a sus acusadores religiosos citando al profeta Oseas 6:6 “Misericordia quiero y no sacrificio”. Y no es la única referencia a los profetas como se muestra en el siguiente episodio: 
“Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos?, pues no se lavan las manos cuando comen pan. Respondiendo él, les dijo: 
Porqué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Dios mandó diciendo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y “el que maldiga al padre o a la madre sea condenado a muerte”, pero vosotros decís: “Cualquiera que diga a su padre o su madre: ‘Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte', ya no ha de honrar a su padre o a su madre”. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 
“Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres”. Mateo 15:1-9 
Del mismo modo que aquellos fariseos de entonces, hoy existen fariseos judíos y cristianos que son buenos religiosos, pero vacuos creyentes. No pueden pues creer y reconocer al Hijo, sino no creen y honran al Padre en verdad. 

En relación con el segundo punto, Jesucristo trajo un cambio de paradigma trascendental: El nuevo pacto por su sangre. El era ahora el sacrificio por todos los pecados pasados, presentes y futuros. Ya no era pues necesaria la figura de la ofrenda por los pecados consistente en un animal sacrificado en el templo. Él sería la ofrenda. De allí la inspirada afirmación del sumo sacerdote Caifas al decir: "Nos conviene que un hombre muera por el pueblo y no que todo la nación perezca". Juan 11:50 

La justificación sería ahora por la fe en él y traería un nuevo poder para vencer al pecado y transformar vidas que la justificación por la observancia perfecta de la ley jamás podía lograr. Ya lo profetizó el profeta Ezequiel al decir: 
"Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obra". Ezequiel 36:26-27 
Por último, en relación con el tercer punto, el alcance de la salvación por la fe en Cristo estaba destinado a toda la humanidad. Empezando con los judíos y extendiéndose a todos los pueblos de la tierra. 

Todos estos elementos chocaban con el petrificado sistema religioso del judaísmo ortodoxo de la época como sucede también con el actual. 

Pero no por ello deja de ser el autentico Mesías judío profetizado en las escrituras hebreas. 

Hoy en día existe un amplio sector del judaísmo en el mundo que reconoce a Jesús como su Mesías y comparten la misma fe con el cristianismo autentico sin dejar de observar las tradiciones judías. Estos se llaman judíos mesiánicos. 

Finalmente queda decir que Jesucristo no es en modo alguno un Mesías fracasado. Su misión expiatoria ha sido cumplida y la fase final de su etapa profética como rey queda aún pendiente de su grandioso cumplimiento. 

Y es posible que algunos de nosotros estemos vivos para verlo.

¿Un Jesús que Perdió la fe?


Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?Mateo 27:46

¿Por qué dijo Jesús estas palabras? ¿Significara que el propio Mesías al final perdió la fe en su Dios?

Esta expresión de angustia de Jesucristo ha sido usada con frecuencia por los enemigos o escépticos del cristianismo como una sabrosa muestra de incoherencia por parte de su fundador. Para ellos, el súper héroe del cristianismo se deslució con este desliz de debilidad.

Hoy, como incluso muchos entonces, no comprendían las afirmaciones de Jesús. Los propios escribas y fariseos, gente instruida y culta, tampoco le entendían. Por esta razón en cierta ocasión Jesús les dijo:
“Erráis ignorando las escrituras y el poder de Dios” Mateo 22:29
Del mismo modo esto se aplica a sus detractores de hoy. Ellos también se equivocan porque principalmente desconocen las escrituras además del poder de Dios. Ellos ignoran que cuando Jesús dijo estas palabras estaba cumpliendo la profecía del salmo 22 que precisamente se inicia con estas exactas palabras:
“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?” Salmo 22:1
En este extraordinario salmo esta la radiografía de todos los sentimientos y pensamientos que poblaban la mente de Jesucristo en aquella difícil circunstancia. Suministra también detalles extraordinarios de la crucifixión, que efectivamente sucedieron, escritos aproximadamente mil años antes de que se produjeran.

Analicemos este salmo y veamos con cuanta precisión describe a Cristo sufriendo en la cruz.

Al principio señala su angustia por el abandono de Dios al decir:
“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día y no respondes; y de noche y no hay para mi descanso”. Salmo 22:1-2
¿Realmente Dios le abandono?. La respuesta es SÍ. Dios abandonó a Jesús como abandono a Israel por su pecado. En este caso lo abandono, no por sus pecados, sino POR NUESTROS PECADOS. Sin embargo, lo que Dios dijo a Israel también se aplica a Jesús en dichos momentos:
“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias”. Isaías 54:7
Durante su suplicio previo y luego crucifixión, en efecto estuvo fuera del amparo de Dios. Y esto sucedió por un propósito bien definido. Dicho propósito lo explica el propio Dios a través del profeta Isaías 7 siglos antes de los acontecimientos de la cruz:
“Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Cuando haya PUESTO SU VIDA EN EXPIACIÓN POR EL PECADO, verá descendencia, vivirá por largos días y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y LLEVARÁ SOBRE SÍ LAS INIQUIDADES DE ELLOS. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los poderosos repartirá el botín; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, HABIENDO ÉL LLEVADO EL PECADO DE MUCHOS Y ORADO POR LOS TRANSGRESORES”. Isaías 53:10:12
Esta profecía es muy clara en afirmar que su muerte en la cruz tenía como propósito pagar el precio de nuestros pecados a fin de que podamos ser perdonados. Jesús lo sabia y por ello declaró dichas palabras para, no solo manifestar que en dicho momento él pasaba por el abandono de Dios descrito en el Salmo 22:1-2, sino que también, por lo mismo, se estaba identificando ante sus oyentes como el Mesías profetizado en dicho salmo.

¿Pero esto no significa un reproche a Dios, o más aún, una queja al amor y socorro de Dios por parte de Jesús que lo descalifica como un defraudador?

Dios nunca condena la queja que los seres humanos puedan formular contra él en un momento de dolor. Tanto en los salmos como también en el libro de Job y otras partes de la Biblia existen muchos ejemplos de estas quejas sobre las cuales no tenemos la reprensión de Dios sino más bien su comprensión y auxilio.

A esto el salmo 22 nos arroja más luz sobre lo que había en el corazón de Jesús y vemos que en los versos siguientes él no pretendía descalificar a Dios: 
“Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; esperaron y tú los libraste. Clamaron a ti y fueron librados; confiaron en ti y no fueron avergonzados”. Salmo 22: 3-4
A continuación David profetiza una descripción del sentir de Jesús en la cruz que llena de asombro. Notad los detalles:
“Pero yo soy gusano y no hombre; Oprobio de los hombres y despreciado del pueblo. Todos los que me ven se burlan de mí; tuercen la boca y menean la cabeza, diciendo: “Se encomendó a Jehová, líbrelo él; sálvelo, puesto que en él se complacía”. Salmo 22: 6-8
Comparemos ahora esta descripción con la de la crucifixión de Jesús:
“Los que pasaban lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: “Tú, el que derriba el templo y en tres días lo reedifica, sálvate a ti mismo. Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz”. De esta manera también los principales sacerdotes, junto con los escribas, los fariseos y los ancianos, se burlaban de él y decían: “A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar. Si es el rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrelo ahora si le quiere, porque a dicho: “Soy Hijo de Dios””. Mateo 27:39-41
El paralelo es impresionante, pero ahora sigamos:
“Pero tú eres el que me saco del vientre, el que me hizo estar confiado desde que estaba en el regazo de mi madre. A ti fui encomendado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. ¡No te alejes de mí, porque la angustia está cerca y no hay quien me ayude.

Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron contra mí su boca como león rapaz y rugiente. He sido derramado como el agua y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón fue como cera, derritiéndose dentro de mí. Como un tiesto se secó mi vigor y mi lengua se pegó a mi paladar. ¡Me has puesto en el polvo de la muerte!.
Perros me han rodeado; me han cercado una banda de malignos; DESGARRARON MIS MANOS Y MIS PIES. ¡Contar puedo todos mis huesos! Entre tanto ELLOS ME MIRAN Y ME OBSERVAN. REPARTIERON ENTRE SÍ MIS VESTIDOS Y SOBRE MI ROPA ECHARON SUERTES”. Salmo 22: 9:18
Veamos ahora lo que relata el evangelio de Mateo:
“Cuando lo hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliera lo dicho por el profeta: “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes””. Mateo 27:35
Finalmente Jesús, como hizo el salmista, acaba su clamor con un canto de confianza y acción de gracias por la liberación:
“Mas tú, Jehová, ¡no te alejes! Fortaleza mía, ¡Apresúrate a socorrerme! Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león y líbrame de los cuernos de los toros salvajes.

Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré. Los que teméis a Jehová, ¡Alabadlo! ¡Glorificadlo descendencia toda de Jacob! ¡Temedlo vosotros, descendencia toda de Israel!, Porque no menospreció ni rechazó el dolor del afligido, ni de él escondió su rostro, sino que cuando clamo a él, lo escuchó”. Salmo 22:19-24
¿Realmente socorrió Dios a Jesús? Sí. Si bien tuvo que afrontar la muerte, él resucitó y fue exaltado tal como lo prometió Dios. El apóstol Pablo lo define así:
“Él siendo en forma de Dios no estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a si mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, HACIÉNDOSE OBEDIENTE HASTA LA MUERTE, Y MUERTE DE CRUZ. Por eso DIOS TAMBIÉN LO EXALTÓ SOBRE TODAS LAS COSAS Y LE DIO UN NOMBRE QUE ES SOBRE TODO NOMBRE, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:6-11
Concluimos por tanto que esta angustiosa exclamación de Jesucristo no significa de modo alguno una confesión de falta de fe o una descalificación de la misericordia de Dios. Es más bien la constatación del enorme precio que tuvo que pagar Jesús para que podamos recibir el perdón de Dios y la vida eterna.

Dios abandonó a Jesús para no abandonarte a ti.

¿Le menearas también tú la cabeza?

El Jesús Gnóstico

Para muchos, el conocimiento sobre Jesucristo y su mensaje no es claro, sino más bien, bastante difuso y confundible con la de otros fundadores de religiones. Incluso esto es así para muchísimos de los que profesan creer en él, mas por inercia religiosa que por vivencia personal. Su imagen más común es la de un fundador de una gran religión con un bonito mensaje moral, similar a Buda, Confucio, Mahoma y otros. En esta situación no debe sorprender que los Cristos alternativos puedan propagarse y ganar adeptos. Nuevos eruditos, iluminados y profetas han salido a declarar que tras sesudas investigaciones históricas, preclaras indagaciones teológicas y extraordinarias revelaciones de entes extravagantes y trascendentes. El Jesús de la historia y de la Biblia no sería el verdadero, sino que existiría otro oculto por los seguidores del impostor. 

Este “sabroso descubrimiento” de un nuevo Cristo fascina a mucha gente. También contribuye el hecho de que en nuestro actual contexto socio-espiritual se espere un cambio de paradigma. Se desea un Cristo menos absolutista, mas New Age y por tanto, mas relativo y flexible. El Jesús Dios resulta muy absolutista y moralmente extremista para muchos. Por ello, si alguien propone una alternativa a esta imagen, será bienvenida y promocionada al margen de las polvaredas que puedan producirse por los defensores del Jesús tradicional. 

Anteriormente vimos al Jesús mito, el que fue inventado y no existió. Al Mesías fracasado o, mejor dicho, “falso Mesías” tan defendido por el judaísmo ortodoxo y cierto sector de intelectuales. Al Jesús avatar de extracción oriental, tan defendido por aquellos que no conocen bien al Jesús bíblico y están empapados con la visión filosófica de oriente. Ahora veremos al Jesús Gnóstico, aquel que nació en épocas tan tempranas como el siglo I de nuestra era y ha seguido latente hasta reeditarse y promoverse en el siglo XX y el actual. Este Jesús está presente en la masonería, en el ocultismo, en el casi desconocido pero influyente Libro de Urantia, en las obras de J.J. Benítez (la serie Caballo de Troya y La rebelión de Lucifer) y para terminar ésta lista, con seguridad incompleta, aparece recientemente en la famosa novela de Dan Brown “El Código Da Vinci” y en el gnóstico evangelio de Judas promovido por National Geographic.

Evidentemente, no pretendo decir, que todos los grupos religiosos y filosóficos así como los autores anteriormente aludidos tengan una idéntica visión del Jesús Gnóstico, pues cada uno le otorga varios matices y también hay que decir que el gnosticismo nunca ha sido un bloque monolítico sino que han existido y existen en él distintas versiones. 

ORIGEN 

Los gnósticos traen su nombre de la palabra griega “gnosis”, que significa “conocimiento” o “ciencia”. Era una escuela de misterios, como muchas de las existentes en la Roma de principios de nuestra era. Estas escuelas, o también puede decirse, religiones de misterios, fueron asimilaciones de doctrinas venidas de oriente (hinduismo, budismo, zoroastrismo, mitraismo, etc.) que se instalaron en occidente sincretizándose con otras doctrinas locales de Egipto, Mesopotamia y especialmente de Grecia, En esta última, el platonismo y el pitagorismo ya sintonizaban bastante bien con muchas doctrinas orientales. 

Al tomar contacto con la tradición hebrea, asimilo sus actores teológicos y, al aparecer el cristianismo como extensión del judaísmo, también lo hizo con los suyos formándose así un gnosticismo cristiano distinto del pagano. En esta nueva síntesis gnóstica se habría de ver a Jesucristo y su mensaje desde la óptica de su tradición mística. 

Para la misma, existe un Dios incognoscible, no personal e independiente del cosmos. Según esta interpretación el Dios bíblico es una criatura inferior jerárquicamente, no sería el ser absoluto sino un demiurgo (creador) con conciencia de sí mismo que llego a decir "Yo Soy" y así adquirir una malvada individualidad frente a la deseada y buena unión con el Todo. Este ser rebelde, el Jehová de la Biblia, creo el universo material y creo unos seres a los que infecto con la conciencia de sí mismos y así los separó del todo para sumergirlos en la ilusión del mundo. Otro ser bueno, llamado Lucifer quiso liberarles del yugo de esclavitud al cual Jehová les sometió para obtenerse de los naturales impulsos que los seres humanos poseen. Por ello en Edén él les indico el camino para llegar a ser dioses, de cómo tener conciencia de su divinidad a través del conocimiento de sí mismos y así otra vez fundirse con el todo, aquel Dios supremo, pero paradójicamente, incognoscible, inaccesible e impersonal. 

En este escenario aparece Jesucristo. 

¿Cómo Dios? No, aunque divino e inmaterial para algunos (docetismo) y solo humano pero exaltado para otros (adopcionismo). 

¿Cómo el hijo de Jehová? No, ya que Jehová es el diemurgo malo y su padre no puede ser él. Más bien sería un Dios más grande su creador (el incognoscible) y uno más entre muchos de sus hijos (eones). 

¿Cómo salvador? No, no tiene como fin redimir con su justicia a la humanidad sino mas bien ha sido enviado a revelar el “conocimiento completo” de nuestra propia divinidad para llegar a nuestra autorrealización. Dios no realiza al hombre, este se realiza a sí mismo a través de la gnosis. 

¿Con un mensaje sencillo? No, es iniciático, es decir, su verdadero mensaje es solo revelado a los iniciados. 

En cuanto a sus prácticas tuvieron 2 vertientes; Por una parte los que creían que siendo el espíritu lo que debe cultivarse, y por tanto el cuerpo, es decir, la materia, es impura y debe reprimirse, predicaron que era necesario, para alimentar y liberar el espíritu, mortificar la carne y someterla a padecimientos. Esta idea penetro en el cristianismo católico romano y es origen del silicio (técnicas de mortificación de la carne mediante artilugios tales como prendas abrasivas, mallas de alambres con púas, etc.). De otro lado surgieron los que sacaron la conclusión opuesta, pues ya que la salvación (autorrealización) depende únicamente de la gnosis del espíritu, el comportamiento del cuerpo es moralmente irrelevante, por lo tanto, es libre de asumir toda clase de goces sensuales. 

Como creencias comunes compartieron la doctrina de la reencarnación e igualmente, como en el misticismo oriental, se buscaba romper el ciclo de reencarnaciones a través de la gnosis (iluminación). 

Vista esta versión de Jesucristo con su peculiar teología queda la pregunta: 

¿Es este el verdadero o es el impostor? 

Para responder esta pregunta es necesario responder a estas preguntas: 

¿Se invento un falso Jesús que vivió en la Judea del siglo I, predico, fue condenado por la blasfemia de decir que era Dios por parte de las autoridades religiosas judías y crucificado por las autoridades romanas? 

En el primer capítulo llamado “El Jesús mito” se demostró que Jesucristo es un personaje histórico y que efectivamente murió crucificado. No hay base por tanto para afirmar, salvo por una maliciosa presunción, que sea un invento de Pablo o sus seguidores, existiendo otro muy distinto, como los defensores del Jesús gnóstico alegan. 

¿Fue su misión ser un gran maestro de la gnosis para un selecto grupo de iniciados o vino como redentor para reconciliar al mundo con un Dios personal que les ama? 

El mismo afirmo: 
“Porque de tal manera amo Dios al mundo que envió a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16 
“Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” Juan 10:10
“Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8:12
“Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi, aunque este muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Juan 11:25-26 
Jesús dijo estas cosas a un amplio auditorio de personas no solo a los 12 discípulos. Incluso las declaraciones propias de conversaciones personales no estaban destinadas al secretismo sino más bien a la divulgación y por ello se reflejan en los evangelios. 

¿El hombre sé autorealiza o Dios realiza al hombre? 

Él dijo: 
“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como moisés levanto la serpiente en el desierto, así es necesario que el hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:13-15 
Obsérvese que enfáticamente afirmó que nadie puede autorrealizarse al decir: “Nadie subió al cielo”. Más bien sostiene que es Dios quien implementa un método para rescatar a la humanidad y para ilustrarlo refiere el incidente de la serpiente. Durante el éxodo Israel no tenía aún el temple espiritual para ser fiel a Dios y a menudo se rebelaba contra Dios y regañaba de sus circunstancias. Dicho pecado fue castigado por una plaga de serpientes del desierto que mordían a muchos causándoles la muerte. Ante el clamor del pueblo Dios instruyo a Moisés que hiciera una serpiente de bronce, la cual izaría en alto para que el mayor número de personas del campamento lo pudiera ver y que todo aquel que mirara a la misma sanaría de la mordedura y viviría. Esta es una figura de Jesucristo con 15 siglos de antelación a su venida al mundo, pues en efecto, él como la serpiente de bronce sería izado en la cruz para que todo aquel que creyera en él se salve, no de la muerte física, sino de la muerte espiritual, la eterna separación de Dios. 

Este pasaje a sido usado por algunos gnósticos para relacionar erróneamente a la serpiente con Jesucristo y afirmar en consecuencia, que la serpiente de Edén era él, y Lucifer, el bueno de la película, es en efecto Jesucristo. Esta nefasta conclusión parte de una maliciosa interpretación del pasaje referido. Recordemos que la razón de hacer una serpiente de bronce era reflejar la derrota del causante de las muertes por mordedura, la serpiente. Del mismo modo, Jesucristo fue colgado en la cruz para reflejar la derrota del causante de nuestra muerte espiritual; el pecado. Nosotros tendríamos que morir allí por nuestra culpa, pero fue él quien lo hizo y con su victoria sobre la muerte mediante su resurrección es totalmente competente para salvarnos de la muerte espiritual. No hay pues ninguna identificación entre ambos personajes.

¿Es la carne impura y por lo tanto hay que mortificarla? 

Esta creencia gnóstica y también común en otras filosofías no tiene apoyo bíblico alguno. Ya el apóstol Pablo exhortó a los cristianos de Colosas para prevenirles de las ideas gnósticas que ya entonces querían penetrar y adulterar la doctrina cristiana. Dijo: 
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo y no según Cristo.” Col.2:8 
“Si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivierais en el mundo os sometéis a preceptos tales como: ‘No uses', ‘No comas', ‘No toques'? Todos estos preceptos son solo mandamientos y doctrinas de hombres, los cuales se destruyen con el uso. Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría, pues exigen cierta religiosidad, humildad y duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.” Col.2:20-23 
¿La salvación es por el conocimiento de la gnosis? 
“Por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe.“ Efesios 2:8-9 
Este extraordinario pasaje es claro y contundente al definir la autoría de la salvación (realización) humana como don de la gracia de Dios. Al decir: “y esto no de vosotros” descarta enfáticamente la autorrealización a través de cualquier conocimiento o disciplina basada en obras morales; “No por obras para que nadie se glorié”. Identifica que lo único que demanda Dios de los hombres para ser salvos es, tan solo, recibirla por medio de la fe en Jesucristo.

¿Significa esto que las obras no son importantes?

No. Veamos el verso siguiente:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10
Esto significa que las obras son el fruto de la fe. Son la consecuencia de la acción de Dios sobre aquellos que han aceptado su salvación.

¿Tiene Jesús otro padre aparte de Jehová? 

Esta idea tiene 2 fines. En primer lugar negar la condición del Jehová de la Biblia como Dios absoluto todopoderoso y devaluar su condición a criatura del cosmos, no sobre el cosmos. En segundo lugar inferir que su justicia, consistente en prohibir y castigar el pecado, le hace un ser malvado e irritante en contra de otro bueno, Lucifer, que sería el libertador de la opresión de Jehová y dador de la gnosis. 

Este inversionismo de carácter satánico es la médula doctrinal del ocultismo, la masonería y otras filosofías anexas. En dichos círculos no es nada raro encontrar afirmaciones que señalan que Satanás es un gran señor y poderoso caballero de luz. Los demonios resultan buenos ayudantes de la humanidad para su camino a la trascendencia. Jesús es un mentiroso que dijo que era Dios sin serlo. La Biblia es un manojo de mentiras y errores lamentables, etc. 

Pero estas ideas no son nuevas. Ya Irineo de Lión en el siglo segundo presento refutación a algunas de estas ideas: 
"Por lo tanto, que ninguno piense que existe otro Dios Padre distinto de nuestro Creador, como lo imaginan los herejes, que desprecian al Dios verdadero y hacen un ídolo del Dios inexistente, creándose un padre por encima de nuestro Creador y tienen para sí el haber descubierto algo más grande que la verdad. En realidad todos estos son impíos y blasfeman contra su Creador y Padre como ya hemos demostrado en la Exposición y Refutación de la falsa gnosis. Otros, todavía desprecian la venida del Hijo de Dios y la economía de su encarnación trasmitida por los Apóstoles y vaticinada por los profetas para la restauración de la humanidad, como concisamente hemos demostrado. También a estas personas hay que contarlas entre los incrédulos. Otros todavía no acogen los dones del Espíritu Santo y rechazan el carisma profético, por cuyo rocío el hombre produce frutos de vida divina. De estos dice Isaías: Serán como un terebinto sin hojas y como un jardín sin agua. Estos no son de utilidad alguna para Dios, pues no producen frutos." Demostración de la predicación apostólica (Epideixis) 
Finalmente tenemos la advertencia que el apóstol Pablo formuló a Timoteo  con relación al amenazador gnosticismo de sus días al decir:
“Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas y argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos se desviaron de la fe.” I Timoteo 6:20
Y ya sabemos que la palabra “ciencia” es la traducción de la palabra griega “gnosis”.

Ahora queda la última pregunta. 

¿Era Dios o solo un hombre sabio? 

Para responderlo veamos el post siguiente. 

viernes, 26 de julio de 2013

El Cristo, El Hijo del Dios viviente

En la doctrina cristiana existen dos puntos neurálgicos, dos ejes centrales sin los cuales todo el cristianismo se vendría abajo y solo quedaría una cáscara vacía. Se puede creer en un cristianismo decapitado y aceptarlo alegremente, muchos lo han hecho. Pero perdería irremediablemente su autenticidad y el hálito de su poder para salvar y transformar vidas. 

El primer punto lo constituye la condición de Jesucristo como Dios y el segundo es el hecho que revela lo primero; su resurrección. 

El apóstol Pablo incluye estos dos puntos en la declaración de fe necesaria para recibir la salvación de Dios:
“Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levanto de los muertos, serás salvo”. Romanos 10:8-9 
Como es posible observar estos dos puntos son los pilares de la autentica fe cristiana y es, por ello, que son especialmente atacados. Dichos ataques pueden estar materializados en publicaciones académicas, pero son más eficaces si están presentados a través de medios de entretenimiento popular como novelas, películas y documentales. 

Está claro que ambos pilares de la fe cristiana son cuestión de fe. Nadie está obligado a creerlos. Ni se pretenden demostrar aquí. Sin embargo, en la campaña del que puede llamarse “Lobby gnóstico”, muy activo y agresivo en los últimos años, se han planteado afirmaciones difamatorias a la cristiandad que pueden ser refutadas con absoluto rigor. La principal de ellas es la pretensión de que la divinidad de Jesucristo es un invento de sus seguidores tardíos y que fue impuesta como dogma recién en el concilio de Nicea del año 324. Según esta posición Jesús fue un gran maestro humano que nunca predico su divinidad, no la entendieron así sus seguidores ni siquiera sus enemigos.

Para refutar esto empecemos con la pregunta que el propio Jesucristo planteo a sus discípulos sobre quien es realmente él hace casi 2000 años: 
Cuando llegó Jesús a las regiones de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o uno de los profetas.
Les dijo: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondió Simón Pedro y dijo:
¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!" Mateo 16:13-16 
Es notable la diferencia entre la primera respuesta y la segunda. Al principio se señalan a profetas, pero al fin y al cabo a hombres. En la segunda Pedro confiesa algo muy diferente, él dice que es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, es decir, Dios. No se trata de un hijo de Dios como puede ser todo creyente por adopción. “Mas a todos los que lo recibieron, los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” Juan 1:12. Se trata de “El Hijo de Dios”. Esta definición de Jesucristo es la más atacada por los defensores de los Cristos alternativos. Se acepta que sea un gran hombre, pero ¿Dios? Eso ya no. 

Sin embargo, es eso lo que dijeron los profetas que seria, lo dijo él de sí mismo, lo dijeron sus discípulos y por último, lo que entendieron que dijo sus detractores al punto de condenarlo como blasfemo y llevarlo a su condena en la cruz. La divinidad de Jesús no es un invento post ministerial perpetrado por sus seguidores, ni una disposición eclesiástica del concilio de Nicea como se afirma en la novela “El código Da Vinci” y obras afines, ya que lo que se condeno en aquella ocasión fue la doctrina de Arrio que afirmaba que Jesús, aunque de carácter muy elevado, no era Dios. Esta propuesta teológica era nueva en el interior del cristianismo del siglo IV y ya fue considerado como herejía antes de celebrarse el referido concilio. Cualquier examen sobrio de las escrituras canónicas o no canónicas de los 3 primeros siglos muestran que la divinidad de Jesucristo no era cuestionada entonces, sino que emano naturalmente de lo que predico en su ministerio desde el principio. Para demostrar esto veamos las siguientes citas clasificadas en 6 apartados: 

1. Lo que dijeron los profetas sobre la naturaleza del Ungido de Jehová (Cristo) 

En este apartado veremos que ya el registro profético habla de un Mesías que no es solo un hombre sino que es Dios encarnado. 

Sobre su nacimiento: 
“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Miqueas 5:2 
Nótese la parte final del pasaje. No habla de un ser humano cualquiera sino de alguien que será Señor en Israel y existe desde los días de la eternidad. 
"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel”. Isaías 7:14 
Observemos que no se trata de una persona cualquiera ya que Emanuel significa “Dios con nosotros”.
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre “Admirable consejero”, “Dios fuerte”, “Padre eterno”, “Príncipe de paz”. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limite sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y justicia desde ahora y para siempre.” Isaías 9:1-7 
Los títulos mostrados aluden contundentemente a su carácter como Dios. 

Sobre su titulo mesiánico como “Hijo del Hombre”: 
“Miraba yo en la visión de la noche, y vi que con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; vino hasta el Anciano de días, y lo hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos y lenguas lo sirvieran; y su dominio es dominio eterno, que nunca pasará; y su reino es uno que nunca será destruido”. Daniel 7:13-14 
Él mismo refrendo esta identificación con el pasaje anterior al decir: 
“Entonces verán al Hijo del hombre que vendrá en una nube con poder y gran gloria”. Lucas 21:27 
El título de Hijo del Dios viviente viene ya establecido en el salmo 2:
“Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra”. Salmo 2:7-8 
Sobre su condición divina como Señor: 
“Jehová dijo a mi Señor: ‘Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies’”. Salmo 110:1 
Observemos como interpretó Jesús este pasaje y como lo interpretaron los fariseos:
“Estando reunidos los fariseos, Jesús les pregunto, diciendo: 
¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? 
Le dijeron: De David. 
El les dijo: ¿Cómo, pues David, en el espíritu lo llama Señor diciendo:
"Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”?
Pues si David lo llama Señor, ¿cómo es pues su hijo?. Y nadie le podía responder palabra, ni se atrevió ninguno a preguntarle más desde aquel día”. Mateo 22:41:46 
La identificación de Dios con el Mesías y en consecuencia con Jesucristo:

“Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar a mis ovejas, y las reconoceré”. Ezequiel 34:11

Fijémonos ahora en estas palabras de Jesús:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. Tengo también otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” Juan 10:14-16

Observemos que tanto en el pasaje de Ezequiel que habla de Jehová como en el de Juan que habla de Jesucristo. Ambos personajes quedan vinculados en cuanto a que ambos identifican al pueblo de Israel como “mis ovejas”. En cuanto a las ovejas que no son de este redil, se refiere con claridad a los gentiles (no judíos) que creerán en Jesucristo para formar un solo pueblo.

2. Lo que dijo Jesús que era

Ahora cabe preguntar ¿Se identifico el cómo Mesías y Dios?. Veamos los siguientes pasajes:

Uso en repetidas ocasiones el titulo “Yo Soy” con el cual se identifico Dios a Moisés en éxodo 3:14: “Yo Soy el que Soy”.

“Yo soy el pan de vida” Juan 6:35
“Yo soy la luz del mundo”. Juan 8:12
“Yo soy el buen pastor”. Juan 10:14
“Yo soy la resurrección y la vida”. Juan 11:25
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Juan 14:6

Él mismo reconoció ser el Mesías:

“Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo”. Juan 4:25-26

Se identifico con el Padre declarando ser la imagen del Dios invisible:
“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre y nos basta. Jesús le dijo: Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo, pues dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”. Juan 14:8-11 
Obsérvese que se identifica tanto con Dios Padre que hace de la referencia al Padre una alusión a sí mismo al decir: “¿no me has conocido, Felipe?”, y lo ratifica al decir que quien le ve, ve en efecto al Padre, es decir, a Dios. También afirma que él y el Padre están unidos substancialmente “yo soy en el Padre, y el Padre en mí”. Sin embargo, quienes rechazan la divinidad de Jesús afirman que existe una diferencia entre el Padre y el Hijo citando lo que el propio Jesús dijo:
“El Padre es mayor que yo” Juan 14:28 
Pero notemos que él no alude a una diferencia substancial con el Padre, sino a una diferencia de rango jerárquico igual a la que presentan los hijos con respecto a sus padres o los subalternos con respecto a sus jefes. No obstante, esto no significa que los mismos sean desiguales en substancia ya que todos comparten la condición humana. El apóstol Pablo también aludió a esta diferencia de rango más no de condición divina al decir:
“Luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”. I corintios 15:28 
Lo que dijeron sus seguidores según el nuevo testamento. 

Ahora tenemos las declaraciones presentes en el nuevo testamento hechas por sus seguidores inmediatos sobre quién es él.
“En el principio era el Verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios”. Juan 1:1 
“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”. Colosenses 1:15-17 
Este pasaje hay que entenderlo bien. Observemos que dice que él es el ‘primogénito de toda creación’, es decir, él no es parte de la creación sino agente creador ‘en él fueron creadas todas las cosas’. También se dice que es ‘antes de todas las cosas’ y por tanto, de todo lo creado en el cielo y la tierra. No es pues una criatura sino más bien el creador.
“Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” Filipenses 2:6-11 
Este pasaje es enfático al establecer la naturaleza divina de Jesús. También establece que Jesús no es un hombre exaltado como Dios, tal como lo supone el adopcionismo, sino que él ya era Dios y se “despojó a sí mismo” al nacer como un ser humano. Por último afirma la voluntad de Dios Padre de exaltarlo y honrarlo para su propia gloria.

Lo que dijeron sus seguidores fuera del nuevo testamento 

Existen abundantes referencias de autores cristianos de los 2 primeros siglos sobre la condición divina de Jesucristo. Para no cansar al lector solo citaremos 3:

La primera de estas corresponde a Policarpo de Esmirna quien fue discípulo del propio apóstol Juan y escribió, en su Epístola a los Filipenses a principios del siglo II, lo siguiente:
“Ahora bien, que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el mismo Sumo Sacerdote eterno, el Hijo de Dios Jesucristo, os edifique en fe y en verdad, y en toda mansedumbre y a evitar todo enojo, y en resistencia, y en longanimidad, y en soportar con paciencia y en pureza; y que Él os conceda la suerte y parte de sus santos, y a nosotros con vosotros, y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo y en su Padre que lo levantó de los muertos.” 
Irineo de Lion fue a su vez discípulo de Policarpo y también murió mártir como él. Fue un gran apologista de la fe cristiana contra las herejías que ya, en la segunda mitad del siglo II, amenazaban a la cristiandad. De él citaremos 3 citas procedentes de 2 de sus más importantes obras donde establece enfáticamente la divinidad de Jesucristo.
“Así pues el Verbo de Dios ostenta el primado sobre todas las cosas, porque es verdadero hombre y admirable consejero y Dios fuerte (Is 9,6), que llama de nuevo [con la resurrección] al hombre a la comunión con Dios para que por medio de la comunión con Él participemos en la incorruptibilidad. El que es anunciado por Moisés y por los profetas del Dios altísimo y omnipotente, Padre del universo, origen de todo, que conversó con Moisés, vino a Judea, engendrado por Dios por medio del Espíritu Santo, y nacido de la Virgen María, que era de la estirpe de David y de Abrahán, Jesús, el Ungido de Dios, el que se reveló a sí mismo como el que había sido predicho por los profetas.” Verso 40, Demostración de la predicación apostólica (epideixis) de Irineo de Lión. 
"Ni el Señor, ni el Espíritu Santo (por los profetas), ni los Apóstoles jamás habrían llamado Dios de modo absoluto y definitivo al que no lo fuese verdaderamente; ni habrían llamado Señor a ninguna otra persona, sino al Dios Padre soberano de todas las cosas, y a su Hijo que recibió de su Padre el señorío sobre toda la creación, según aquellas palabras: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies» (Sal 110[109],1). En este pasaje se presenta al Padre conversando con el Hijo; él «le ha dado las naciones por herencia» (Sal 2,8) y le ha sometido a todos sus enemigos. Y como el Padre es en verdad Señor, y el Hijo es en verdad Señor, con razón el Espíritu Santo los llamó con el título Señor. También al narrar la destrucción de Sodoma, la Escritura dice: «Y el Señor hizo llover desde el cielo fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra» (Gén 19,24). Esto significa que el Hijo, el mismo que había conversado con Abraham, ha recibido del Padre el poder de condenar a los sodomitas, por motivo de su iniquidad. De modo semejante afirma: «Tu trono, oh Dios, para siempre; cetro de rectitud es el cetro de tu reinado; amaste la justicia y odiaste la iniquidad; por eso te ungió Dios, tu Dios» (Sal 45[44],7-8). Aquí el Espíritu los llamó a ambos con el nombre de Dios: tanto al Hijo, el ungido, como al que unge, el Padre. Y también: «Dios se presentó en la asamblea de los dioses, en medio de ellos juzga a los dioses» (Sal 82[81],1). (El Espíritu) habla aquí del Padre y del Hijo y de aquellos que recibieron la adopción filial, y mediante ellos se refiere a la Iglesia: porque ésta es la sinagoga de Dios, la cual Dios, me refiero al Hijo, ha reunido por sí y para sí mismo. También dice en otro lugar: «Dios, el Señor de los dioses, habló y convocó la tierra» (Sal 50[49],1). ¿De cuál Dios se trata? De aquel del cual está escrito: «Dios vendrá de modo manifiesto; nuestro Dios, y no callará», esto es, el Hijo, que se manifestó por su venida a los hombres, el cual dice: «Me manifesté al descubierto a quienes no me buscaban» (Is 65,1). ¿Y de qué dioses se trata? De aquellos a quienes él declara: «Yo he dicho: Vosotros sois dioses, todos sois hijos del Altísimo» (Sal 82[81],6; Jn 10,34); es decir, aquellos que han recibido la gracia de la adopción, por la cual clamamos: «¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15; Gál 4,5-6). Así, pues, como arriba dije, a ningún otro se le llama Dios o Señor, sino al que es Dios y Señor de todas las cosas, el que dijo a Moisés: «Yo soy el que soy», y: «Así dirás a Israel: Yo soy me manda a vosotros» (Ex 3,14); y también a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el cual hace hijos de aquellos que creen en su nombre (Jn 1,12). El Hijo también habla por Moisés: «Yo he descendido a librar a este pueblo» (Ex 3,8), porque es él «quien descendió y ascendió» (Ef 4,10) para salvar a los seres humanos. De este modo, «Por el Hijo que está en el Padre y tiene en sí al Padre» (Jn 14,10-11) se ha manifestado Dios aquel que es, al dar testimonio, como Padre, del Hijo (Mt 16,17; Jn 5,37), mientras el Hijo anuncia al Padre (Mt 11,27; Jn 11,41-42). Como dice Isaías: «Yo doy testimonio, dice el Señor Dios, y mi Siervo a quien yo elegí, para que sepáis, creáis y entendáis que soy yo» (Is 43,10). (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:1-2) 
Veamos como entendió Irineo la igual condición divina del Padre con respecto al Hijo pese a ser en rango y función diferentes:
"El Padre, pues, es Señor y el Hijo es Señor; es Dios el Padre y lo es el Hijo, porque el que ha nacido de Dios es Dios. Así según la esencia de su ser y de su poder, hay un solo Dios; pero, al mismo tiempo, en la administración de la economía de nuestra redención, Dios aparece como Padre y como Hijo. Y dado que el Padre del Universo es invisible e inaccesible a los seres creados, es por medio del Hijo como los destinados a acercarse a Dios deben conseguir el acceso al Padre" (Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica, 47) 
Lo que dijeron sus detractores según el nuevo testamento 

Veamos en tres citas que era lo que entendía la gente de ciertas afirmaciones de Jesús:
1.- Lo rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen; yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi padre, que me las dio, mayor que todos es, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi padre. El padre y yo uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo. Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tu siendo hombre, te haces Dios.” Juan 10:24-33 
2.- “Jesús les respondió: Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio padre, haciéndose igual a Dios”. Juan 5:17-18 
3.- “Pero Jesús callaba. Entonces el Sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho. Y además os digo que desde ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el Sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!” Mateo 26:62-66 
Es evidente que la causa principal del odio que generó entre algunos de los religiosos de su época fue la declaración de su divinidad. Lo que dijeron sus enemigos fuera del nuevo testamento Si se piensa que todas las citas bíblicas son pura invención y, por lo tanto, carecen de valor, nos queda como testimonio lo que los enemigos de Jesús y el cristianismo dijeron sobre lo que él dijo. A este nivel no podemos negar la evidencia.

Veamos algunos extractos del Talmud, una colección de escritos religiosos y legales judíos compilados entre los siglos II y VI de nuestra era:
“R. Abahu dijo: “Si un hombre te dice: ‘Yo soy Dios’, es un embustero. Si dice ‘Yo soy el Hijo del hombre’, la gente acabará riéndose de él. Si dice: ‘Subiré al cielo’, puede decirlo pero no lo hará”. J. Taanit 65b 
“R. Eleazar ha- Kapar dijo: “Dios dio vigor a su voz de forma que alcanzo el extremo del mundo, porque Él miró y vio a los paganos que se postraban ante el sol, la luna y las estrellas, y ante la madera y la piedra, y contemplo que había un hombre, nacido de mujer, que se ensalzaba e intentaba hacerse Dios a sí mismo, para que todo el mundo siguiera el mal camino. Entonces Dios dio vigor a la voz de Balaam para que todos los pueblos de la tierra pudieran escucharla y dijo: ‘Tened cuidado de no caminar por la senda mala de ese hombre, porque está escrito que Dios no es hombre para que mienta. Y si dice que es Dios, es un embustero y miente, porque dijo que partiría y que luego volvería’. Lo dijo y no hizo. Ved lo que está escrito: comenzó su parábola y dijo: ¿Quién podrá vivir si Dios hace esto?. 
Balaam dijo: ‘¿Quién podrá vivir de esta nación que escucho a ese hombre que se hizo dios a sí mismo?’”. Yalkut Shimeoni, pr. 725 sobre Números 23,7 
Queda claro, por lo visto, que los judíos, los que no creyeron en Jesús como Mesías, le critican su pretensión divina. Por lo tanto, se prueba que en efecto eso dijo de sí mismo y sus seguidores lo refrendaron como ya se ha visto anteriormente.

Para finalizar veamos lo que dijeron tres escritores paganos latinos del siglo II sobre Jesucristo a fin de saber si los cristianos de su época lo consideraban Dios o solo un gran maestro.

Plinio el Joven relata en una de sus cartas al emperador Trajano como consideraban los cristianos a Cristo al decir:
"Han declarado que todo su error o su falta ha consistido en reunirse algunos días fijos antes de la salida del sol para cantar en comunidad los himnos en honor a Cristo que ellos reverencian como a un Dios". Plinio el Joven. Epístolas. X, 96: (h. 112 d.C.) 
Luciano de Somósata, en su obra De morte Peregrini, describe esta misma consideración al afirmar:
"Después, por cierto, de aquel hombre a quien siguen adorando, que fue crucificado en Palestina por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres... además su primer legislador les convenció de que todos eran hermanos y así, tan pronto como incurren en este delito, reniegan de los dioses griegos y en cambio adoran a aquel sofista crucificado y viven de acuerdo a sus preceptos". Luciano de Somósata. De morte Peregrini (siglo II) 
Por último uno de los grandes enemigos del cristianismo fue el griego Celso, un filósofo platónico que escribió un furibundo alegato contra el cristianismo llamado: Verdadero discurso contra los cristianos. En él Celso se explaya en argumentos contra la fe cristiana atacando con especial interés la divinidad de Cristo. Estas son solo algunas citas relevantes:
Puesto que además de a Dios, ellos adoran a su Hijo”. Párrafo 100
“El cuerpo de un Dios no podría estar hecho como el tuyo; el cuerpo de un Dios no sería formado y procreado como el tuyo lo fue; el cuerpo de un Dios no se alimenta como te alimentaste; el cuerpo de un Dios no se sirve de una voz como la tuya, ni de los medios de persuasión que tú empleaste: ¿Acaso tu sangre, que corre por tus venas, se parece a la que corre por las venas de los dioses? ¿Qué Dios, qué hijo de Dios es aquel, cuyo padre no puede salvarlo del más in­fame suplicio y que no puede él salvarse a sí mismo?” Párrafo 13
Los que creen en Cristo atribuyen a los Judíos el crimen de no haber recibido a Jesús como a Dios. Pero ¿cómo nosotros, que habíamos enseñado a todos los hombres que Dios debía de enviar acá a la tierra al ministro de su justicia para castigar a los malos, cómo íbamos a ultrajarlo a su llegada? ¿Habría sido conveniente tratar con ignominia a aquel, cuyo advenimiento habíamos predicho y deseado? ¿Con qué finalidad? ¿Para atraer sobre nosotros un torrente de cólera di­vina? Más ¿cómo recibir como Dios a aquel que, entre otros agravios atribuidos, nada hizo de lo que había prometido? ¿Quién es el que, acusado, juzgado, condenado al suplicio, vergonzosamente fue preso gracias a la traición de los mismos a los que llamaba sus discípulos? ¿Sería propio de un Dios dejarse atar y conducir como un criminal? Mucho menos aún convenía a un Dios el ser abandonado, traicionado por sus próximos, que lo seguían como a un maestro y veían en él al Mesías, hijo y mensajero del gran Dios”. Párrafo 16 
Existen otros muchos pasajes donde Celso abunda en argumentos para tratar de refutar la divinidad de Cristo, pero al hacerlo, nos deja el testimonio claro de qué es lo que pensaban los cristianos de Jesucristo estableciendo con rotundidad que lo adoraban como a Dios.

LA FIABILIDAD DEL NUEVO TESTAMENTO

Un instrumento muy usado por aquellos que pretenden denigrar al cristianismo es la afirmación de que la Biblia, y en concreto el Nuevo Testamento, es un libro poco fiable, de que no hay garantías de que su contenido fuera el originalmente escrito en él y que ha sido adulterado y modificado por el antojo de las autoridades religiosas en siglos posteriores a su escritura.

El Nuevo Testamento, lejos de ser un libro dudoso, es, de lejos, el libro antiguo más fiable de la historia. Veamos por qué. Hay quienes dicen que el Nuevo Testamento ha sido modificado para satisfacer dogmas posteriores de la doctrina cristiana. Entre estas acusaciones está la que afirma que la divinidad de Jesús está amañada en el nuevo testamento por instancias del emperador Constantino en el siglo IV. Si no dispusiésemos de copias más antiguas sería verosímil esta afirmación. Pero si disponemos de ellas. En el año 1968 se hizo una lista con 5262 manuscritos griegos de los cuales 81 son anteriores al siglo IV y del análisis de las copias más antiguas, incluido un fragmento del evangelio de Juan (el papiro Rylands) que data del año 125 D.C. ¡30 o 40 años posterior al momento de la composición de dicho evangelio!, Queda corroborado que el contenido del nuevo testamento es definitivamente fidedigno. Por último si comparamos el número de copias existentes y la distancia en años desde la composición hasta la más antigua de las copias veremos como el Nuevo Testamento queda abrumadoramente en primer lugar comparándola con dos de los libros más famosos:



Esta abrumadora diferencia, con la cual el nuevo testamento supera a los libros con más copias y manuscritos más antiguos, tiene una sencilla explicación. La Biblia, por el hecho de ser un libro religioso, se hace enormemente susceptible de ser profusa y fielmente copiado. Esto solo basta para explicar como, por su propia naturaleza, es un libro altamente fiable y convencernos, tanto por la lógica como por la evidencia historiográfica, que podemos fiarnos de ella.

Conclusión 

Después de todos estos testimonios, decir que la divinidad de Jesucristo es un decreto del concilio de Nicea en el siglo IV, es un absoluto disparate. La divinidad de Jesús no se dogmatizó ni evoluciono con posterioridad a su ministerio. Fue parte de él y asienta sólidamente sus raíces en la profecía de las escrituras hebreas. Es quien dijo ser. El Mesías, Dios hecho hombre. El único que podía cumplir con la exigencia que la justicia de Dios demanda como pago por el pecado. Y lo hizo muriendo en la cruz, no por sus pecados, sino por los nuestros. Pero no fue vencido por la muerte sino que resucito, sigue vivo y volverá como rey glorioso. El autentico cristianismo no consiste en una religión sino en una relación autentica con Dios. Su mayor prueba de legitimidad no es la documental o argumental sino el poder de Jesucristo para transformar las vidas de todos aquellos que le reciben creyendo en el cómo Dios y Salvador. Él dijo:
Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andarán en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Juan 8:12 
Y prometió:
Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Juan 10:10
Finalmente te hace una invitación personal:
Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrare a él y cenare con él y él conmigo”. Apocalipsis 3:20 
Que sea sabia tu decisión.